Películas sobre el cambio climático… ¿nos hacen reaccionar?

Películas sobre el cambio climático… ¿nos hacen reaccionar?

Cuando el cambio climático se retrata en la pantalla, con frecuencia es como una embestida de fuego y azufre, una visión apocalíptica que difícilmente deja espacio para una respuesta humana esperanzadora. Eso, según los investigadores del clima y los científicos sociales, es justo el mensaje incorrecto.

No es fácil hacer películas sobre el cambio climático. Parte del problema es simplemente la trama, dijo Per Espen Stoknes, el autor de What We Think About When We Try Not to Think About Global Warming.

“A diferencia de lo que sucede con el terrorismo o las drogas, no hay un enemigo claro en el cambio climático”, dijo. “Todos participamos en la crisis climática, si hay un enemigo, somos nosotros. Y es difícil estar en guerra con nosotros mismos”.

“Por lo general, si realmente quieres hacer que la gente actúe, no la asustas ni la convences de que la situación no tiene remedio”, dijo Andrew Hoffman, profesor de la Universidad de Michigan y autor de How Culture Shapes the Climate Change Debate.

“Tenemos que tocar el corazón de las personas”, dijo.

Captar la verdadera amenaza global del cambio climático es mucho más difícil que filmar una nave espacial que aterriza. Solo pregúntenle a Darren Aronofsky, cuyo filme de suspenso más reciente, ¡Madre!, enterró su mensaje sobre el cambio climático en la alegoría.

“Es muy difícil”, dijo el cineasta y actor Fisher Stevens. “No es un tema muy sexi, y a la gente simplemente no le gusta lidiar con él ni pensar en él”.

Además, cuando se refieren a este fenómeno —como The Day After Tomorrow, la película de Roland Emmerich de 2004— rara vez hacen algo para movilizar al público a actuar. Ni siquiera los cineastas bien intencionados con historias cuidadosamente elaboradas dan en el clavo a menudo, dicen los científicos especializados en el clima.

Muchas investigaciones muestran que este marco distópico resulta contraproducente, pues empuja más a la gente a la negación y la desesperanza por lo que, en lugar de actuar, se paralizan.

La pregunta es cuál puede ser la mejor manera de motivar a la gente. “Es un equilibrio difícil”, dijo Hoffman. “Tienes que comunicar el sentido de urgencia, de otra forma no obtendrás un sentido de compromiso”.

Algunos ejemplos de alto perfil, como el documental de 2006 que ganó un Oscar, An Inconvenient Truth, quizá vayan muy lejos.

“La película era 100 por ciento sobre el miedo”, dijo Ed Maibach, profesor y director del Centro para la Comunicación del Cambio Climático en la Universidad George Mason. “Y durante los créditos, literalmente los créditos, hacían algunas recomendaciones sobre lo que podríamos hacer. Eso debería haber sido una parte importante de la narración, diciéndole a la gente cuáles serían las acciones más valiosas que podrían tomar”.

“El objetivo es asegurar que nuestra audiencia no sienta que la estamos forzando a aceptar algo que no le gusta”, dijo Tim Pastore, presidente de producción y programación original del canal National Geographic. “No tratamos de crear una programación que sea fuente de desesperanza, sino más bien de oportunidad”, añadió.

Maiblach, el profesor de George Mason y experto en encuestas sobre la comprensión del clima, dijo que el mayor problema que enfrentan los comunicadores especializados en cuestiones climáticas es que no se está discutiendo lo suficiente sobre el cambio climático de ninguna forma. “Lo llamamos el silencio climático”, dijo.

Así que, según Hoffman, el profesor de la Universidad de Michigan, necesitamos “más películas, más televisión, más música”.

Fuente: The New York Times

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